Escuela viva, Comunidad BUDA, en Córdoba, Argentina.
Hay un lugar interior que todos deberíamos
conservar, un espacio de paz, de quietud, de sentimiento de estar bien y
conformes, pese a lo que afuera suceda. Todos debiéramos poder
encontrar con facilidad este espacio,
para poder allí refugiarnos en su paz y seguridad en los momentos
difíciles. Sin embargo, lo que a menudo se siente es un gran vacío. Sabemos que muchas de las carencias sentidas en la adultez tienen raíz
en la niñez, por eso la importancia de ocuparnos de los niños, de
acompañar sus procesos, de conocer sus necesidades. El niño nace
con la conciencia de que el mundo es bueno. Y en las primeras
experiencias de malestar, de dolor o incomodidad física o anímica se le
debe confirmar que el mundo efectivamente es bueno, calmándolo,
acompañándolo y conteniendo su Ser para que vuelva a la paz. El
niño en crecimiento debe conectarse con la sensación de estar bien, de
estar a gusto consigo mismo, de estar cuidado y contenido.
Si el niño recibe este
amor a través del cuidado del entorno, si puede conocer lo que es estar
tranquilo pero feliz, experimentará la bondad en su ser, la bondad del
mundo, registro que le quedará para toda su vida...
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