Todos hemos bailado íntimamente con el dolor y el sufrimiento. Conocemos
esa danza. Nuestros movimientos son robóticos y sin vida. Permanecemos
en la oscuridad de nuestras vidas perfectamente controladas. Cada
segundo contabilizado, cada decisión perfectamente planeada con mucha
anticipación. Siendo nuestro error fatal el haber apagado la vida. En
nuestros esfuerzos por no sentir más dolor, nos hemos convertido en
nuestros propios carceleros. Prisioneros estamos, con las llaves de la
libertad justo en nuestras manos, las llaves que abrirán nuestros
corazones y permitirán que inicie el descongelamiento.
Se requiere de coraje para dejar que nuestros corazones se descongelen,
para sentirse lo suficientemente vulnerables para dejar que las grandes
olas del dolor y el sufrimiento inunden y laven nuestros miedos.
Comenzamos a creer, más allá de la sombra de la duda, que el destino de
nuestro mundo, y nuestra libertad para moldear la vida que amamos,
depende de nosotros. Comenzamos a confiar en nuestra habilidad para usar
la energía del amor.
El gran despertar es acerca de todos nosotros abriendo la grieta. La verdad acerca
de quiénes somos y de que tenemos el poder para crear en este mundo va a ser conocida. Estamos emergiendo de la crisálida de la transformación hacia una libertad que va más allá de nuestra más salvaje imaginación…El mundo que recordamos y hemos traído en nuestro corazón desde la eternidad, se está acercando.
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