Cuando nos referimos a los procesos de crecimiento y desarrollo humanos,
con mucha frecuencia, recurrimos a utilizar metáforas espaciales para
explicarlos.
La “interiorización”, significa pasar de fuera a dentro, de lo
exterior a lo interior, de lo periférico a lo más íntimo de nosotros
mismos.
Pero este proceso de interiorización no puede transcurrir ajeno a otro
proceso, el de “expansión”, mediante el cual, a la vez que interiorizo,
expando mi consciencia hacia límites más allá de lo habitual y
cotidiano. Es por tanto una dinámica comparable a la sístole y diástole
cardiaca, (interiorización – expansión).
Llegados a la experiencia de que cuerpo y consciencia corresponden no a
dos cosas separadas sino a los aspectos cuánticos de una misma realidad y
que, ambos, están conectados y regidos por la propia energía del ser
humano, no podemos sino traspasar las fronteras de nuestras limitaciones
cotidianas para introducirnos en la senda evolutiva del progreso y
desarrollo humano.
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