Entrevista con Javier Goitita, ingeniero civil y geógrafo, ahora ya
jubilado, y lingüista aficionado. Profundizando en el euskera, ha
llegado a la conclusión de que el recorrido de las lenguas posiblemente
se remonte al comienzo del Cuaternario, hace unos 2 millones y medio de
años. Aquí nos habla de la vida primitiva de nuestros nómadas ancestros,
habiendo llegado a una comprensión de cómo vivían y por dónde se movían
a través del estudio del lenguaje que hablaban. Sus descubrimientos
desvelan lo costoso de la supervivencia humana en épocas prehistóricas,
de las vicisitudes y circunstancias que han llevado a denominar de una u
otra manera a las partes del cuerpo, a los accidentes y fenómenos
geográficos o naturalísticos en general o a las actividades económicas, a
la vez que desvela múltiples curiosidades en los mundos de la toponimia
y de la hidronimia, de la caza y pesca, de la ganadería y navegación,
la agricultura o la minería.
Javier Goitia es autor el libro “El ADN del Euskera en 1.500
partículas”, donde recupera casi 1.600 raíces de la lengua vasca y en el
que explica su teoría de que estas partículas suponen una herramienta
básica para entender cómo se han ido creando las palabras, no sólo del
euskera, sino de casi todas las lenguas. Suponen por tanto, la
arqueología del lenguaje.
Pero su formulación ha sido rechazada inmediatamente por “el cuerpo de
filólogos”, que se encuentra cómodo en un “constructo” que tiene como
fuentes principales de recurrencia al Griego y Latín, como si antes no
hubiera existido nada.
Su propuesta llama a un ejercicio de humildad al mundo del conocimiento
(estatus) para aceptar esta nueva visión y también a un esfuerzo
multiplicado en las personas con inquietudes antropológicas, históricas,
lingüísticas, sociales y culturales, para profundizar en sus
descubrimientos. Hay que aportar nuevas hipótesis que animen a las
personas con capacidad creativa y con una mínima formación científica a
zafarse de las crecientes restricciones que la “cultura oficial” impone
tanto por la obvia rigidez de las estructuras de Universidades y
Academias, como por la agobiante especialización de licenciados y
técnicos o al “pesebrismo” que caracteriza a las editoriales y medios de
comunicación.
Es imposible que los topónimos hayan sido objeto del capricho y la
casualidad. Los nombres de lugar no han sido puestos al azar, como
indican los gurús de la toponimia, sino que siguen unos patrones con los
que antiguamente se podía identificar claramente el tipo de paisaje y
orografía al que se referían, para que los caminantes supieran con
antelación qué les esperaba. Hasta tal punto se ha perdido ese
conocimiento, que hoy día hemos llegado a creer que no tienen ningún
significado.
Javier Goitia ha estado investigado durante toda su vida estos
importantes yacimientos de conocimiento de la lengua, hasta el momento
actual, en que a pesar de todas las barreras y obstáculos encontrados en
el camino, publica su DICCIONARIO ETIMOLÓGICO CRÍTICO DEL CASTELLANO,
libro en el que pone en tela de juicio las etimologías del diccionario
de la Real Academia Española, y por supuesto, todo el saber oficial
sobre el origen de las lenguas.
Una entrevista de Alicia Ninou.
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